domingo, 15 de mayo de 2011

Ella necesitaba escapar de esa realidad que la desgastaba y atormentaba. De un pasado dolorosamente vivo y un futuro atormentadoramente incierto.
Quizás el presente no estaba del todo mal, escapar de algo que por poco la mató, de un amor que sabía perfectamente que amaría para siempre y que, aunque ahora quisiera volver a estar presente en su vida, ella se había hecho fuerte con cada caída, con cada desprecio, con cada ausencia.
Un presente pausante, con altibajos no tan malos al fin de alcabo.
Muchas sonrisas ultimamente, algún enfado, algún que otro polvo de lunes a viernes y unas amigas que estaban demostrando que estarían ahí en las buenas y en las peores.
Lo que si la estaba sorprendiendo, era ver como todo había cambiado, que había madurado demasiado. Los hombres se presentaban como meros niños de 15 años queriendo jugar y dejar claro quien tenía la sarten por el mango, pero esos juegos ella ya los pasó hace tiempo, sabía jugar muy bien a esos juegos, quizás podría decirse que ella lo inventó.
Quizás el futuro ya no estuviese tan lejos, pero nada era ya lo suficientemente malo, como para volver a dejarla agonizando.
Quizás ya había aprendido a vivir... Ahora la quedaba empezar a enseñar a otras a vivir y a los hombres, quién dictaba las normas.


No es una experiencia mía, hoy va dedicado a una buena amiga, Lucía, y a su extraordinaria vida... Siempre has sabido sobrevivir, es lo que más admiro de ti.

1 comentario:

  1. Es una excelente historia muy reflexiva e interesante, saludos :)

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